¡Oh Madre y clementísima Virgen del
Rosario! Vos que plantasteis en la
Iglesia , por medio de vuestro privilegiado hijo Domingo, el
místico árbol del Santo Rosario, haced que abracemos todos tu santa devoción y
gocemos su verdadero espíritu; de suerte que aquellas místicas rosas sean en
nuestros labios y corazón, por los pecadores medicina y por los justos aumento
de gracia. Amén.
Páginas
EL REZO DEL ROSARIO
BENEDICTO
XVI
"El santo rosario no es una
práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría
pensar con nostalgia. Al contrario, el rosario está experimentado una nueva
primavera".
"no debe cesar esta buena
costumbre, es más debe proseguir todavía más con mayor compromiso de manera
que, en la escuela de María, la lámpara de la fe brille cada vez más en el
corazón de los cristianos y en sus casas"
VIAJE A TOLEDO
SÁBADO
17 Y
DOMINGO 18 DE DICIEMBRE
PRECIO
POR PERSONA:132 €
INCLUYE:
VIAJE
EN AUTOCAR.
ESTANCIA
EN TOLEDO - HOTEL***.
1
PENSION COMPLETA CON AGUA/VINO EN COMIDAS.
SEGURO
TURISTICO DE VIAJE.
PRECIO
DE PLAZA EN HABITACIÓN DOBLE O TRIPLE
FECHA TOPE PARA HACER RESERVAS: JUEVES 27 DE OCTUBRE
Organiza:
Misioneras de la
Fraternidad.
Tlf:
986 711 112 / 646 059 156
NOVIEMBRE 2011
TRIDUO PARA LA CELEBRACIÓN DE LA
VIRGEN DE LA MEDALLA MILAGROSA
Viernes 25, Sábado 26 y Domingo 27.
A las 7.30 Reserva.
Al finalizar se
regalarán medallas de la Virgen Milagrosa.
El coraje de creer
Sólo quien llega a practicar la virtud de la Fe positiva y conscientemente, tiene capacidad para comprender la libertad que proporciona la grandeza de creer.
Creer es el último paso que da el hombre material al encontrarse con Dios y es a su vez el primer paso que da el hombre espiritual en el comienzo de su ascenso en el camino hacia Dios. Una vez que este paso está dado todo adquiere un nuevo sentido, todo tiene nuevos significados porque la vida se observa desde el prisma de la trascendencia.
Para el hombre y la mujer espiritual, todo, absolutamente todo, tiene un valor y sentido distintos, así podemos leer en Sta. Teresa del Niño Jesús que puede hacer más ella por el mundo recogiendo un alfiler del suelo que muchos grandes de la tierra en sus reuniones.
El dolor para el hombre sin Fe es una desgracia, mientras que para el que tiene Fe es una fortuna.
La oración para el incrédulo es una estupidez, para el que cree es una obligación.
Dios para el hombre natural es una incógnita, para el sobrenatural es una certeza.
Cuando Pedro comienza a caminar sobre el agua, apoyado en las palabras de Jesús: “ven”, representa a todos los que comienzan a caminar por la senda atrevida de la Fe. Quien se asienta en la Fe desafía las leyes de la razón: para el racional es absurdo intentar caminar sobre el agua y para el creyente es una realidad: Pedro, el rudo pescador de Galilea, caminó sobre el agua a la voz de Jesús ”ven”.
En este camino de la Fe sólo hay un inconveniente que haga caer a quien comenzó su andadura sobre él: volver a creer más en la fuerza de las realidades terrenas que en la de las trascendentes. Lo mismo que Pedro comenzó a hundirse tras empezar a caminar hay quienes en su camino de Fe también comienzan a tener miedo, estos miedos se presentan de mil maneras, cada persona tiene uno a su medida esperándole y es proporcional a la intensidad de su Fe.
No deja de ser sorprendente la duda en quien comenzó tan radicalmente, tan valientemente, su camino hacia Jesús que decía “ven”, desafiando entonces las leyes racionales al atreverse a caminar sobre el agua de la Fe.
Cuando el miedo hace acto de presencia, éste ciega la visión trascendente y ofusca los oídos del alma para impedir escuchar aquella voz de Jesús “ven”; entonces la situación es terrible, porque la persona siente escapar su cuerpo entre el agua y las leyes racionales en ese momento no sólo son inútiles, sino que son causa de mayor angustia.
Antes de socorrer a quien sufre de tal modo, quiere Dios una súplica de confianza: “Señor, sálvame” y en seguida levanta a esa pobre alma con la fuerza de su brazo; para un racional sería admirable la Fe de aquel que pudo dar sus primeros pasos sobre el agua, sin embargo Dios mismo lo reprende: “¡hombre de poca fe!” y preguntando “¿por qué has dudado?” quiere que el propio hombre se examine acerca de su poca fe, pues Él, que conocía perfectamente los corazones, sabía la respuesta a esta pregunta.
Dios quiere que nos demos cuenta de que dudar para quien camina sobre las aguas de la Fe es como echar mano del arado y mirar atrás.
CREER en una situación personal tranquila o una situación social próspera es relativamente sencillo, pero mantenerse firmes en la Fe en una situación personal adversa o con una situación social hostil a lo católico exige de quien realiza el acto de Fe, un heroico coraje llamado generalmente martirio.
“Al sentir la fuerza del viento” el hombre y la mujer de Fe se levantan como columnas sobre el agua y caminan erguidos al haber oído la voz de Jesús que un día los llamó “ven”.
El Padre nos dio al Hijo
Pronto celebraremos la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. La muerte de Jesucristo en la cruz es estremecedora para el corazón.
Es estremecedor oír la frase de Jesús en el huerto: “Padre, si es posible, aleja de mí este cáliz”, sobre todo cuando horas antes había dicho a sus discípulos “ardientemente he deseado comer esta pascua con vosotros antes de padecer”, la humanidad se derrumbaba ante el sufrimiento y luchaba contra sí misma: “pero no se haga mi voluntad”. Sabemos por la voz de la Iglesia , que Jesucristo sufrió una inmensa soledad en aquel huerto y rogó al único que podía librarlo de la muerte terrible de cruz.
Hoy quisiera que nos detuviéramos en la soledad, no menor, del Padre. El silencio del Padre es tan elocuente como las palabras del Hijo. El Padre, de corazón tan tierno como para procurar el alimento a las avecillas, para vestir de hermosura los lirios del campo, para correr a abrazarse con el hijo que le abandonó en otro tiempo y arrepentido vuelve a casa, renuncia ahora a que el Hijo perciba su compañía.
Estamos ante un Padre que conocía perfectamente a su Hijo. Era el Hijo único, su humanidad perfecta era la alegría del Padre, su obediencia fiel era el consuelo del Padre, su alma nobilísima era jardín de delicias donde la divinidad se podía recrear. Era el Hijo que nunca contristó al Padre, el Hijo del hombre que quiso al Padre con todas sus fuerzas, su alma, su mente y su corazón. Era hombre perfecto con corazón purísimo, con rectitud de intención intachable, con una vida entregada ya desde su encarnación para cumplir en todo la voluntad del Padre “aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Ese Hijo, que además de ser Dios era hombre, fue el predilecto del Padre, el “Hijo muy amado” del Padre; es el hijo que alegró su corazón: “Tú eres mi hijo amado; en ti me complazco” y precisamente ese Hijo sentiría en su alma la ausencia de ese Padre que tanto le amaba. El Padre y el Hijo antepusieron la Obra de la Redención a sus propias Personas.
El Hijo realizando la oración litúrgica, llora la ausencia del Padre “Padre, por qué me has abandonado?” y el Padre renuncia a gozar de la compañía del Hijo. El Hijo sufre dolores indecibles en su cuerpo y en su alma y ese Padre renuncia a aliviar los dolores de su amado Hijo. El Hijo está agotado hasta el extremo de sus fuerzas y el Padre renuncia a ser descanso para el alma de su Hijo. El Hijo sufre un abatimiento supremo y el Padre renuncia a alentar a su propio Hijo en la última hora de su agonía, el Hijo está en el momento más duro de su vida en la tierra y ese Padre con corazón infinitamente tierno renuncia a consolar al Hijo. Y todo ello desde la infinita e inmensa soledad de su ser Dios, dilatando misteriosamente también su propia gloria. Dios rasgó su Corazón de Padre mientras el Corazón del Hijo era atravesado por la lanza.
El Hijo que se entrega voluntariamente es entregado por el Padre voluntariamente. Ninguno de los dos se guarda para sí ni para el otro, ambos se dan por cada uno de nosotros, siguiendo únicamente un objetivo: la Obra Redentora. Podríamos decir que, de algún modo, de manera misteriosa Dios Padre e Hijo renuncian a sí mismos para poder entregarnos al Espíritu. De esta manera el hombre penetró en la entraña de la Trinidad en el mismo momento en que Jesucristo moría en la cruz. Allí, cuando se abrió el Corazón de Dios, se derramaron la Divinidad y la Santidad sobre la humanidad, para que esta humanidad fuera santificada por la divinidad.
Estamos ante un misterio: las Tres Personas Divinas se entregan al hombre por puro amor y la primera criatura no divina en recibir ese amor y entrar en la Trinidad , es la Santísima Virgen María.
Roguemos a Ella que nos introduzca en el Corazón de la Trinidad cada vez que participemos en la Santa Misa : el mismísimo Calvario está ante nuestros ojos. Es el Corazón de la Trinidad el que se abre para que entremos, es el amor de Dios Uno y Trino entregado y derramado por nosotros.
Septiembre 2011
·
Miércoles 14, la Exaltación de la Santa Cruz.
A
las 6.30 Vísperas cantadas
A
las 7.00 de la tarde ejercicio del Santo Vía Crucis
·
Jueves 15, Nuestra Señora de los
Dolores.
A las
10.00 de la mañana Santa Misa.
A las
6.30 Vísperas cantadas y a las 7.00 Exposición del Santísimo y Septenario a la Virgen.
·
Viernes 23, S. Pío de Pietrelcina:
A
las 10.00 de la mañana Santa Misa.
A
las 7.00 de la tarde, Adoración del Santísimo y Santo Rosario.
Inscripciones: tlf. 986 711 112
Cristo crucificado y María Madre de Dolores
En Septiembre toda nuestra
atención está centrada en la
Exaltación de la Santa
Cruz y al pie de la misma, nuestra Madre Dolorosa.
Publicamos en esta ocasión la Homilía pronunciada por el
P. Manuel Mª de Jesús hace dos años en la Iglesia del Salvador de Toledo, donde nos invita
a recibir y agradecer cada una de nuestras cruces haciéndolas fructificar en
bien de las almas.
“En la Fiesta litúrgica de los
Siete Dolores de la
Santísima Virgen María la Iglesia nos ofrece en la Sagrada Liturgia
las palabras de Jesús en la Cruz :
“Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: Ahí tienes a tu
Madre”.
Os propongo que en este día
renovemos de una manera particular nuestra conciencia de ser hijos de la Virgen María. Y
renovemos también nuestra acción de gracias al Señor por el inmenso y dulce don
que nos ha hecho desde la Cruz
al darnos por Madre a su propia Madre. En el maravilloso plan de redención
trazado por Dios convenía que fuese así: la Madre de Cristo, Cabeza de la Iglesia , ha de ser también
la Madre de
todos y cada uno de los miembros del su Cuerpo Místico. De esta forma la Virgen Santísima ,
por designio y libre elección de Dios, es la Madre del Cristo total: de la Cabeza que es Cristo, y de
los miembros, que son todos los regenerados por el Santo Bautismo.
“La Reina del cielo y Señora del
mundo, Santa María, estaba dolorosa junto a la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo”. Misteriosamente,
pero de manera consciente, quiso Jesús hacer pública manifestación de la
maternidad de la Virgen
respecto de los miembros de su Cuerpo Místico en el momento dramático y solemne
de su sacrificio en el altar de la
Cruz.
¿No deberíamos entender que
nuestra condición de hijos de Dios e hijos de María es el fruto precioso de la
oblación de Cristo en la Cruz ?
¿No deberíamos entender que María, triste y dolorosa al pie de la Cruz , es verdadera Madre
nuestra porque con su dolor, plenamente asociada a su Hijo, Siervo Sufriente y
Varón de Dolores, ha colaborado a que naciésemos los fieles a la vida de la
gracia, vida sobrenatural y divina? ¡Qué gran misterio, pues la Virgen Inmaculada
que sin dolor alumbró a su Hijo en Belén, nos alumbra a nosotros, hermanos de
su Hijo, entre Dolores de martirio y de muerte! ¡Tal es el precio que Jesús y
María han pagado por nuestra Redención!
Ciertamente, María es la
criatura, la Mujer ,
la Madre
íntimamente unida y asociada al Redentor; con una misión única y singular
recibida de Dios, la misión de contribuir con su entrega, con su sacrificio y
con su dolor a la obra de la regeneración del género humano.
Es infaliblemente cierto que
sólo Nuestro Señor Jesucristo es el Redentor del género humano y que sus
méritos de Redentor son sobreabundantes. Su oblación y su sacrificio son
perfectos. Pero, no es menos cierto que la Providencia Divina
en su infinita sabiduría quiso asociar al Redentor a Aquella a quien eligió por
Madre de Dios Hijo y Madre de los hijos de Dios.
Al celebrar los Siete
Dolores de la
Santísima Virgen María, los Dolores que Ella padeció y
ofreció con amor desde la
Anunciación hasta el Calvario, nosotros hemos de recordar que
el espíritu de oblación, de sacrificio y de penitencia forman parte de nuestra
vocación de cristianos, discípulos y seguidores de Cristo. La presencia del
dolor y del sufrimiento en nuestra vida, bien sea de un modo fuerte y
dramático, o bien a través de las pequeñas dificultades y cruces de cada día,
podemos transformarlo, a imitación de Nuestra Madre Dolorosa, en una ocasión
privilegiada para manifestar nuestro amor a Cristo crucificado y a nuestros
hermanos. Unidos, a través de nuestra propia oblación y sufrimiento, a Jesús y
a María, podemos ejercitar el sacerdocio bautismal y contribuir a la obra de la
corredención del género humano, ofreciendo nuestros trabajos, dolores,
penitencias y sufrimientos “Por Cristo, con Él y en Él”, en unión de Nuestra
Madre Dolorosa por la salvación de todos los hombres”.
Virgen Dolorosa
Santa María, Madre de Dios.Tú has permanecido con firmeza de pie junto a la Cruz para participar, con todo
tu maternal cariño, en los tormentos y suplicios de tu Hijo.
Has querido probar en tu corazón todos los dolores que atormentaban su cuerpo y
su alma, para que su sacrificio llegase a ser también totalmente tuyo, por esto
tú serás siempre para nosotros el modelo de firmeza en las pruebas, ofrecidas en unión al sufrimiento redentor de tu
Hijo Jesucristo.
Comunícanos a nosotros tu fortaleza
del alma, infúndenos tu mismo espíritu de Fe, esperanza y caridad. Tú has
sufrido con tanta firmeza, porque has creído en el Salvador, no obstante su
aparente derrota, has esperado en su triunfo en el momento de la crucifixión,
lo has amado por él mismo, sacrificando tu corazón para permanecer cerca de El.
Haz que nuestra fe y nuestra esperanza, no se dejen abatir por las dificultades
y que conservemos la certeza, de que a través del sufrimiento, llegaremos al triunfo
del gozo, hecho más profundo por un amor, que ha crecido y se ha hecho fuerte
en el dolor.
tomar la cruz
BENEDICTO XVI
Como a los discípulos, también a nosotros Jesús nos dirige la
invitación: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su
cruz y sígame” (Mt 16,24).
El cristiano sigue al Señor cuando acepta con amor
la propia cruz, a pesar de que a los ojos del mundo aparece como un fracaso y
una “pérdida de la vida” (cf. Ibid. 25-26), sabiendo que no la lleva solo, sino
con Jesús, compartiendo su mismo camino de donación.
28 de agosto de 2011
Los Amigos de Jesús
Los A.J. visitamos la ermita de Nuestra Señora da Peneda en Arcade.
Está enclavada en un sitio magnífico, con una preciosa vista de la ria de Vigo.
Su fiesta se celebra el lunes de Pascua.
Allí saludamos a la Virgen y disfrutamos unos momentos del paisaje.
Junto a este lugar recordaron, en la formación que semanalmente reciben, que su señal distintiva de Amigo de Jesús es la caridad
hacia los POBRES a quienes procura socorrer,
los ENFERMOS que visita y consuela,
los TRISTES a los que procura alegrar
y hasta los mismos ENEMIGOS que procura perdonar y por quienes ora.
Los A.J. se reúnen cada sábado por la tarde para jugar, aprender, hacer actividades y rezar juntos.
Agosto 2011
Santa Misa por el Rito Romano Extraordinario:
· Todos los días a la 1 de la tarde.
· Los Domingos y festivos a las 12.00 de la mañana. (Domingo 21 a las 7.30 de la tarde)
FIESTA DE SANTA MARIA REINA 2011
· Sábado 20 a las 7.00 de la tarde, Santo Rosario y a continuación Santa Misa
· Domingo 21 a las 7.00 de la tarde, Santo Rosario y a continuación Santa Misa
· Lunes 22 a las 7.00 de la tarde, Santa Misa cantada, a continuación pequeño refrigerio
y a las 9.30 Vigilia Mariana
Todos los actos tendrán lugar en la capilla de las Misioneras de la Fraternidad (Pazo de la Torre )
Si hay personas que deseen recibir esta hoja en color (formato PDF) por correo electónico, pueden pedirlo a: reginamundislu@hotmail.com
Santa María Virgen Reina
“La Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por razón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino también nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino también, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" (Pío XII, Ad coeli Reginam).
El mes de Agosto se lo dedicamos a Ella por completo. A Ella le ofrecemos los frutos de los apostolados realizados desde el último año y a Ella encomendamos los proyectos del nuevo curso. Por Ella damos gracias a Dios por todos los beneficios que en Ella recibimos.
Y lo hacemos con el mismo espíritu que movió a San Maximiliano Kolbe a afirmar que "La inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de Ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada , para que Ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro."
San Alfonso María de Ligorio, por su parte, va más allá y adelanta ya con ecos de victoria lo que ocurre cuando nos abandonamos en manos de María Santísima para que Ella modele nuestros corazones: “María ha colaborado con el Espíritu Santo a la obra de los siglos, es decir, la Encarnación del Verbo. En consecuencia, Ella realizará también los mayores portentos de los últimos tiempos: la formación y educación de los grandes santos, que vivirán hacia el fin del mundo, están reservadas a Ella, porque sólo esta Virgen singular y milagrosa puede realizar en unión del Espíritu Santo, las cosas singulares y extraordinarias.”
Y Más adelante dice: “María es la Reina del cielo y de la tierra, por gracia, como Cristo es su Rey por naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior del hombre, según estas palabras: "El reino de Dios está en medio de ustedes", del mismo modo, el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma. Ella es glorificada sobre todo en las almas juntamente con su Hijo más que en todas las criaturas visibles, de modo que podemos llamarla con los Santos: Reina de los corazones.”
a la Virgen
Virgen Santísima Inmaculada y Madre mía María, a Vos, que sois la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, acudo en este día yo, que soy el más miserable de todos.
Os venero, ¡oh gran Reina!, y os doy las gracias por todos los favores que hasta ahora me habéis hecho, especialmente por haberme librado del infierno, que tantas veces he merecido.
Os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os tengo prometo serviros siempre y hacer cuanto pueda para que también seáis amada de los demás.
Pongo en vuestras manos toda mi esperanza, toda mi salvación; admitidme por siervo vuestro, y acogedme bajo vuestro manto, Vos, ¡oh Madre de misericordia!
Y ya que sois tan poderosa ante Dios, libradme de todas las tentaciones o bien alcanzadme fuerzas para vencerlas hasta la muerte. Os pido un verdadero amor a Jesucristo.
Espero de vos tener una buena muerte; Madre mía, por el amor que tenéis a Dios os ruego que siempre me ayudéis, pero más en el último instante de mi vida.
No me dejéis hasta que me veáis salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero. Amén.
De San Alfonso María de Ligorio
María Reina
Catequesis de S.S. Juan Pablo II 23 de julio de 1997
«Soy yo quien debería haber ido a ti, puesto que eres bendita por encima de todas las mujeres tú, la madre de mi Señor, tú mi Señora». En este texto se pasa espontáneamente de la expresión «la madre de mi Señor» al apelativo «mi Señora», anticipando lo que declarará más tarde san Juan Damasceno, que atribuye a María el título de «Soberana»: «Cuando se convirtió en madre del Creador, llegó a ser verdaderamente la soberana de todas las criaturas»
Mi venerado predecesor Pío XII en la encíclica Ad coeli Reginam, a la que se refiere el texto de la constitución Lumen gentium, indica como fundamento de la realeza de María, además de su maternidad, su cooperación en la obra de la redención.
En el lenguaje bíblico, «sentarse a la diestra de Dios» significa compartir su poder soberano. Sentándose «a la diestra del Padre», él instaura su reino, el reino de Dios. Elevada al cielo, María es asociada al poder de su Hijo y se dedica a la extensión del Reino, participando en la difusión de la gracia divina en el mundo. Observando la analogía entre la Ascensión de Cristo y la Asunción de María, podemos concluir que, subordinada a Cristo, María es la reina que posee y ejerce sobre el universo una soberanía que le fue otorgada por su Hijo mismo.
El título de Reina no sustituye, ciertamente, el de Madre: su realeza es un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le fue conferido para cumplir dicha misión. Citando la bula Ineffabilis Deus, de Pío IX, el Sumo Pontífice Pío XII pone de relieve esta dimensión materna de la realeza de la Virgen : Establecida por el Señor como Reina del cielo y de la tierra, elevada por encima de todos los coros de los ángeles y de toda la jerarquía celestial de los santos, sentada a la diestra de su Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, obtiene con gran certeza lo que pide con sus súplicas maternal; lo que busca, lo encuentra, y no le puede faltar»
Así pues, los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto no sólo no disminuye, sino que, por el contrario, exalta su abandono filial en aquella que es madre en el orden de la gracia. Más aún, la solicitud de María Reina por los hombres puede ser plenamente eficaz precisamente en virtud del estado glorioso posterior a la Asunción.
El estado glorioso de María suscita una cercanía continua y solícita. Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia, y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida. Elevada a la gloria celestial, María se dedica totalmente a la obra de la salvación para comunicar a todo hombre la felicidad que le fue concedida. Es una Reina que da todo lo que posee compartiendo, sobre todo, la vida y el amor de Cristo.
María Reina
BENEDICTO XVI
El título de Reina se le da a María Santísima desde los primeros siglos como indicación de su preeminencia y poder que los recibe de aquel que es Todopoderoso, su hijo, Jesucristo.
El reino de María Santísima no es un reino aparte del de su Hijo. Es el mismo reino. Donde Jesús reina, su madre María reina también, lejos de quitarle el reinado a su Hijo, lo propicia. Son dos corazones eternamente unidos en el amor divino.
El reinado de María Santísima se caracteriza por la preeminencia, el poder Real, la inagotable eficacia de intercesión con su Hijo y el Padre y su Reinado de Amor y Servicio.
El Venerable Pío XII en 1954, instituyó la fiesta Litúrgica del Reinado de María al coronar a la Virgen en Santa María la Mayor en Roma.
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