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Oración de acción de gracias

El segundo modo de orar es la reconocida gratitud que debemos elevar a Dios por los divinos e innumerables beneficios que cada día acumula sobre nosotros y sobre todos los hombres.

Oramos así cuando en la sagrada liturgia alabamos al Señor por la multitud incontable de santos que Él ha suscitado en su Iglesia y celebramos la victoria y triunfo que ellos consiguieron en la tierra, con la ayuda divina, contra todos sus enemigos.


Un ejemplo admirable de esta clase de oración lo tenemos en la plegaria del Ave María.

En ella alabamos y agradecemos a Dios por haber colmado a la Santísima Virgen con toda la plenitud de sus divinos dones y nos complacemos con la misma Madre de Dios por su sublime dignidad: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres. Movida precisamente por esta predilección de Dios con la Santísima Virgen, completó la Iglesia la dulce plegaria, implorando la intercesión maternal de Santa María sobre nosotros, pobres pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

 
Y así nosotros, pobres desterrados e hijos de Eva, peregrinos en este terreno valle de lágrimas, hemos de invocar constantemente a la que es Madre de misericordia y Abogada del pueblo cristiano. Porque si Ella ruega por nosotros, si Ella se mueve en nuestro socorro, nada le será negado por aquel Dios ante quien tiene méritos tan excelsos; por aquel Dios ante quien siempre intercede maternalmente por nosotros, sus hijos pecadores.

Que sea Dios - entendiendo por Dios a las tres divinas Personas - a quien hemos de dirigir nuestras plegarias, invocando su santo nombre, es verdad ínscrita en nuestras almas por la misma razón natural. Tenemos además un explícito mandamiento divino:

Invócame en el día de la angustia
(Ps 49,15).



Es cierto que también recurrimos con la oración a los santos.


Es ésta una verdad -a ella nos hemos referido más ampliamente en otro lugar- sobre la cual la santa Iglesia y las almas cristianas no tienen duda alguna. Pero hay una diferencia esencial entre estas dos formas de oración: no invocamos evidentemente de la misma manera a Dios y a los santos. Y conviene aclarar bien esta profunda diferencia, para evitar todo posible error.

Invocamos a Dios para que Él mismo nos conceda los bienes que necesitamos o nos libre de los males que sufrimos. Los santos, en cambio, son invocados como amigos de Dios e intercesores gratos a Él, para que nos obtengan de Dios los auxilios y beneficios que de Él esperamos.

Las mismas formas que utilizamos para orar, expresan claramente esta diferencia. A Dios le decimos: Ten misericordia de nosotros o Escúchanos; a los santos en cambio: Rogad por nosotros.

En toda fórmula de oración debe subentenderse siempre este precepto, para no atribuir a las criaturas lo que es exclusivo de Dios. Así, cuando pedimos directamente a los santos que tengan misericordia de nosotros -fórmula que podemos decir rectamente, porque en verdad son misericordiosos con nosotros-, intentamos decirles que, apiadados de la miseria de nuestra condición, nos ayuden con la intercesión y valor que gozan ante Dios. Y si recitamos el Padrenuestro ante la imagen de un santo cualquiera, entendemos que pedimos al siervo de Dios ruegue por nosotros y con nosotros, presentando con nosotros y para nosotros las peticiones formuladas en la oración dominical; que se constituya en nuestro intérprete y abogado en la presencia del Señor, como claramente lo enseñó San Juan en su Apocalipsis.

del Catecismo Romano

PROFESIÓN TEMPORAL



El pasado 31 de Mayo, la Hna. Mª Montserrat cumplió sus dos años de Noviciado y en esa fecha, Fiesta de Santa María Reina según el Rito Romano Extraordinario, hizo la Profesión de votos temporales en una ceremonia privada.
La acompañaron sus padres y algunos miembros de la Fraternidad.
El P. Manuel, Fundador y Superior de la Fraternidad, ofició la Santa Misa que precedía a la Profesión de votos. Después de la ceremonia se invitó a los asistentes a una pequeña merienda.

Publicamos aquí un extracto de las hermosas palabras que le dirigió el P. Manuel, durante la ceremonia de Profesión:

 Querida Hermana:
Por vez primera vas a profesar los votos religiosos, los consejos evangélicos. Has escuchado la llamada del Señor que poniendo sobre ti sus bellísimos y luminosos ojos te ha amado con amor de elección: “Como azucena entre espinas es mi amada entre las muchachas” –dice el Esposo en el Cantar de los cantares-; palabras que te dice hoy a ti el Esposo Divino.

Y tú le respondes: “Son mejores que el vino tus amores, exquisito olor de perfumes, tu nombre es aroma que se expande… Llévame contigo, ¡corramos! Condúceme, rey mío a tus estancias, para alegrarnos y gozar contigo, y celebrar tus amores más que el vino” (Cantar 1).

Vas a unirte con vínculos de amor eterno con Cristo Sacerdote. Vas a asociarte al Rey por amor crucificado, con los tres clavos místicos de la obediencia, la pobreza y la castidad. Esto te transformará en Esposa y Madre. Esposa del Rey que gobierna cielo y tierra. Madre de los miembros del Cuerpo místico de Cristo. Madre, especialmente de los sacerdotes, los niños, los enfermos y los pobres, pues ellos son los miembros más eminentes y el tesoro de la  Santa Iglesia.

 Y aún te unirás, tan sólo por amor, a Cristo Sacerdote obediente, Sacerdote virgen y Sacerdote pobre por medio de un cuarto clavo espiritual: aspirar a la perfección en el amor.
No temas en darte a Él. No temas en entregarte del todo. Nada habrá de pedirte que antes Él mismo no te haya dado.

Recuerda que la consagración religiosa es una consagración a Cristo en María y por medio de María. Ella es y será siempre tu Madre, tu Maestra, tu fidelísima y amable confidente. No te sueltes de su mano; no te apartes de su regazo maternal. Que su Corazón Inmaculado sea siempre tu refugio y el camino que te conduzca hasta Dios.

Estoy seguro que eres plenamente consciente de que en este día tu nombre será inscrito por manos de ángeles en el catálogo glorioso de las Esposas del Cordero. Que ellas sean para ti  permanente fuente de inspiración e intercesoras que te atraigan las gracias necesarias para que el Señor lleve a plenitud la obra que en este día ha comenzado en ti.

Querida Hermana, no apartes jamás tu mirada de las sagradas llagas del Esposo, especialmente de la llaga siempre abierta en su costado herido. ¡Las llagas del Esposo, testimonio elocuente de su amor infinito!

En este día tan especial para ti y para todos nosotros, pedimos para ti, hija queridísima, aquello que nuestra amada y recordada Hermana María Elvira pedía confiadamente a la Santísima Virgen para sí:
“María, Madre de misericordia, ayúdame a permanecer firme junto a la cruz que es la escuela del amor, y desde ahí aprender a amar a Cristo mi Esposo, el Señor”. 
Amén.

En Barro,
Priorato de San José
a 31 de mayo de 2011
P. Manuel María de Jesús


SAN ESTEBAN DE RIBAS DE SIL

Foto de grupo.
Las Misioneras queremos agradecer el ejemplar comportamiento de todos, vuestro saber estar. Con vosotros: ¡al fin del mundo!


El párroco de Fátima en Orense
nos dispensó una magnífica acogida en la Santa Misa. Nos recordó en la Homilía nuestra dignidad de hijos de Dios y la urgencia del Apostolado:
“Id al mundo entero”…
 Nos explicó después muy amablemente los pormenores del Santuario.
  

Nuestro guía en tierras orensanas.
Nos acompañó generosamente toda la jornada.
GRACIAS, CELSO.



 "Cada día estoy más enamorado de las montañas
y quisiera pasar días enteros en los montes
para contemplar, en medio de aquel aire puro,
la grandeza del Creador".

Beato Pier Giorgio






En San Pedro de las Rocas,
vimos el fruto del trabajo de unos hombres
que supieron servirse de la obra de la Creación para alabar a Dios.


En la austeridad de una construcción cavada en roca,
vimos el testimonio de fe de aquellos hombres
que cientos de años después de su muerte
nos siguen enseñando que el sentido de la vida
del hombre es conocer, amar y servir a Dios.

 

No es necesario nada más para vivir y ser felices.

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


“El alma fiel, al venerar el Corazón de Jesús -nos dice el Pastor Angélico-, adora juntamente con la Iglesia el símbolo y como la huella de la Caridad divina, la cual llegó también a amar con el corazón del Verbo Encarnado al género humano, contaminado por tantos crímenes”.

Cuanto más meditamos y contemplamos el Corazón de Jesús, más precioso, adorable y misterioso nos resulta.
Dios toma un corazón de carne que fue formado del cuerpo Inmaculado de María. El corazón más noble y puro que existió jamás, le sirvió a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, para amar a su Madre, a José, a sus familiares, amigos y conocidos, amó con ese mismo Corazón a la humanidad toda: buenos y malos de todos los tiempos y lugares.

El Amor, que es el motor que empujó al Padre a la obra Creadora, al Hijo a la obra Redentora y al Espíritu a la obra Santificadora del género humano, ese Amor palpita en el Corazón de Jesús y es visible encerrado en el misterio de la Eucaristía. Ese Corazón se esconde en la Sagrada forma de la misma manera que la Divinidad se ocultó en la humanidad de Jesús. De la misma manera que mirando a Jesús sus contemporáneos, miraban a Dios; ahora nosotros, mirando la Eucaristía, miramos al Divino Corazón.

Este Corazón roto por la lanza es la manifestación sublime del amor de Dios. Que habiendo amado al género humano pecador -y todos somos pecadores- y habiéndose dado por completo con un amor misericordioso del que Es a los que no somos, recibe la terrible paga del intento por parte del hombre de querer quitarle el Ser: darle muerte, atravesar su Corazón, destrozar la Vida.

Pero el amor de Dios es más terrible que el odio del hombre: con este mismo Corazón atravesado, continúa amando al género humano. Persevera palpitando por amor a los hombres, creados a imagen y semejanza suya aunque deformados por el pecado.
La meditación, contemplación y entendimiento de estas realidades es para volverse locos.

Contemplar el Corazón de Jesús es contemplar el Amor infinito de Dios, digno de todo honor, gloria y alabanza. Dar culto al Corazón de Jesús debe ser, además de una obligación para cada uno de nosotros, también una necesidad que brote de nuestros corazones agradecidos, arrepentidos, anonadados y enamorados de Jesús con un amor fresco, puro y espontáneo.

Nadie está excusado de manifestar públicamente este amor al Corazón de Jesús ni de tributarle culto público. No podemos callar las grandezas de Dios porque si nosotros calláramos, gritarían las piedras.
A la grandeza de este Amor hemos de responder con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas del propio ser.

El Papa Pío XII nos dice lo bueno y saludable que es para el hombre dar culto a este Corazón Divino:“Purifica las almas, las llena de consuelos sobrenaturales y las mueve a alcanzar las virtudes todas. Razón tenemos para considerar este culto, el inapreciable don que el Verbo Encarnado ha concedido a la Iglesia, su mística Esposa, en el curso de los últimos siglos”.

Terminamos uniéndonos a los deseos del Venerable Pío XII, al concluir su encíclica Haurietis aquas: “Expresamos la esperanza de que, con la divina gracia, aumente cada vez más la devoción de los fieles al Sagrado Corazón de Jesús, y así se extienda más por todo el mundo su imperio y reino suavísimo: reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz.”


ORACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS


Dios mío, estoy tan persuadido
de que veláis sobre todos los que en Vos esperan
y de que nada puede faltar
a quien de Vos aguarda toda las cosas,
que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno,
descargando sobre Vos todas mis inquietudes.

Mas yo dormiré en paz y descansaré;
porque Tú ¡Oh Señor!
Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme
de los bienes y de la reputación;
las enfermedades pueden quitarme
las fuerzas y los medios de serviros;
yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado;
pero no perderé mi esperanza;
la conservaré hasta el último instante de mi vida
y serán inútiles todos los esfuerzos
de los demonios del infierno para arrancármela.

Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad
de su riqueza o de sus talentos;
que se apoyen sobre la inocencia de su vida,
o sobre el rigor de su penitencia,
o sobre el número de sus buenas obras,
o sobre el fervor de sus oraciones.

En cuanto a mí, Señor,
toda mi confianza es mi confianza misma.
Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza.
Ninguno de los que han esperado en el Señor
ha quedado frustrado en su confianza.

Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz,
porque firmemente espero serlo
y porque de Vos ¡oh Dios mío!
Es de Quien lo espero.

En Ti esperé, Señor,
y jamás seré confundido.

(San Claudio de la Colombiere)

 

 

CULTO FUNDAMENTAL DEL CRISTIANISMO: EL CORAZÓN DE JESÚS


BENEDICTO XVI

 

El misterio del amor de Dios por nosotros no constituye sólo el contenido del culto y de la devoción al Corazón de Jesús: es, al mismo tiempo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana.
Por tanto, es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es tan antiguo como el mismo cristianismo.
De hecho sólo se puede ser cristiano dirigiendo la mirada a la Cruz de nuestro Redentor, «a quien traspasaron»   

(15 de Mayo de 2006)

JULIO 2011

El Viernes 1 de Julio
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
 A las 10.00 de la mañana Santa Misa Solemne.
Desde las 3.00 de la tarde estará expuesto el Santísimo.
Habrá turnos de adoración.
A las 3.00 se rezará Nona y el Rosario de la Misericordia.
A las 6.00 Vísperas Solemnes.
A las 7.30 se hará la Reserva
A continuación procesión hacia la imagen del Corazón de Jesús para hacer la Consagración.

 El Sábado 2 de Julio
Fiesta del Corazón Inmaculado de María.
 Santa Misa Solemne a las 10.00 de la mañana.
Santo Rosario a las 7.00 de la tarde.
A continuación Procesión del Corazón de María.
 
 

LA MISIÓN IMPOSIBLE



Autora: Hna. Mª Montserrat de San José

Oración de petición

Muchos y muy variados son los modos y grados con que los hombres cumplen su deber de orar. Será conveniente exponerlos con el máximo cuidado posible para que todos tengamos un concepto claro, no sólo de la oración, sino también del modo de hacerla y para que nos estimulemos a orar lo más perfectamente posible.

1. ¿QUIÉNES DEBEN PEDIR?


a) La plegaria mejor es, sin duda, la de las almas justas y buenas, que, apoyadas en una fe viva, y a través de los distintos grados de la oración mental, llegan hasta la contemplación del infinito poder de Dios, de su inmenso amor y suma sabiduría.

De aquí brotará en ellas la segura esperanza de obtener, no sólo lo que piden en la oración, sino también todos aquellos dones que Dios da con soberana largueza a las almas que en Él se abandonan.

Elevadas al cielo estas almas con la doble ala de la fe y la esperanza, se llegarán a Dios inflamadas en caridad, le alabarán y le darán gracias por los grandes beneficios que les ha concedido. Y, como hijos que se abandonan en el abrazo amoroso de su amantísimo Padre, le presentarán humilde y confiadamente todos los sentimientos y nuevas necesidades.

A esta forma de oración aludía el profeta en su Salmo:

Derramo ante Él mi querella, expongo ante Él mi angustia
(Ps 141,3).

La palabra "derramar" significa que el que ora de esta manera no calla nada ni oculta nada, sino que todo lo revela, refugiándose confiado en el seno amoroso del Padre. Concepto expresado muchas veces en las Sagradas Escrituras:

¡Oh pueblo!, confia siempre en Él. Derramad ante Él vuestros corazones, que Dios es nuestro asilo
(Ps 61,9)

Echa sobre Yave el cuidado de ti, y Él te sostendrá, pues no permitirá jamás que el justo vacile
(Ps 54,23).

A este mismo grado de oración se refería San Agustín cuando escribió: La esperanza y la caridad piden lo que la fe cree.

b) Otra categoría de orantes la constituyen los pecadores, quienes, no obstante sus pecados, se esfuerzan por levantarse hasta Dios. Su fe está como muerta, sus fuerzas están extenuadas, y casi no pueden levantarse de la tierra; no obstante, reconocen humildemente sus pecados y desde el fondo de su profunda abyección imploran el perdón y buscan la paz.


Dios no rechaza jamás esta oración, sino que la escucha y acoge misericordioso. Él mismo nos invita:

Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré
(Mt 11,28).

Tal fue la oración del pobre "publicano", que, aunque no osaba levantar sus ojos al cielo, salió, sin embargo, justificado del templo.

c) Una tercera categoría de orantes la forman aquellos que, carentes aún de la verdadera fe cristiana, se sienten movidos, bajo el impulso de la recta razón natural, al estudio y búsqueda de la verdad, y piden a Dios en la oración ser iluminados.

Si saben perseverar en sus deseos. Dios no rehusará sus plegarias, porque la divina clemencia jamás se hace sorda a los gritos de las almas sinceras. Los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen un ejemplo bien significativo en el caso del centurión Cornelio.

d) Una última categoría de orantes es la de aquellos que no sólo no están arrepentidos de sus pecados, sino que, acumulando pecados sobre pecados, se atreven a implorar de Dios hipócritamente el perdón de unas faltas que voluntariamente proponen seguir repitiendo.

Semejantes infelices no deberían aspirar ni siquiera al perdón de los hombres; mucho menos al de Dios, si se empeñan en mantener estas disposiciones. Escrito está de Antíoco:

Y oraba el malvado al Señor, de quien no había de alcanzar misericordia
(2M 9,13).

Antes de orar se impone una verdadera y sincera contrición de los pecados, con propósito firme de no volver a cometerlos.


2. ¿QUÉ COSAS DEBEN PEDIRSE?

Para que nuestra oración sea escuchada por Dios, es necesario que pidamos cosas justas y honestas. De otro modo nos veremos reprendidos por el mismo Señor:

No sabéis lo que pedís
(Mt 20,22).

Debe pedirse todo aquello que rectamente puede desearse, como el mismo Jesús nos exhortaba:

Pedid lo que quisiereis y se os dará
(Jn 15,7).

a) Nuestras intenciones y deseos deben conformarse ante todo a esta regla: que nuestras peticiones nos acerquen lo más posible a Dios, nuestro sumo Bien. Desear y pedir nuestra unión con Él y cuanto nos ayude a conseguirla, desechando y apartándonos de cuanto de una u otra manera pueda distanciarnos de Dios.
Esta primera norma general nos ayudará a conocer cuándo y cómo debemos pedir a Dios todos los demás bienes.

b) Algunos de ellos pueden convertirse, y muchas veces se convierten de hecho, en incentivos del pecado, especialmente si se trata de bienes terrenos y externos: salud, fuerza, belleza, riquezas, dignidades, honores, etc. Es claro que su petición debe subordinarse siempre a la necesidad y en cuanto no sean contrarios a los designios divinos; sólo así podrán ser escuchadas por Dios nuestras plegarias.

Nadie, por otro lado, debe poner en duda la licitud de estas peticiones de bienes humanos. La Sagrada Escritura nos dice que así oraba Jacob:

Si Yave está conmigo, y me protege en mi viaje, y me da pan que comer y vestidos que vestir, y retorno en paz a la casa de mi padre, Yave será mi Dios.
(Gn 28,20).

Y Salomón:
No me des pobreza ni riquezas. Dame aquello de que he menester.
(Pr 30,8).

Y cuando seamos escuchados por Dios en estas peticiones, acordémonos de la advertencia del Apóstol:

Los que compran, como si no poseyesen, y los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen; porque pasa la apariencia de este mundo
(1Co 7,30-31)

y de las palabras del salmista:

Si abundan las riquezas, no apeguéis a ellas vuestro corazón
(Ps 61,11).

Por mandato divino puede y debe el hombre usar de las riquezas, como de todas las demás cosas que hay en el mundo, pero sin olvidar que todas ellas son propiedad absoluta de Dios y que nos las concedió para vivirlas en mutua caridad con todos nuestros hermanos. La salud y todos los demás bienes externos nos han sido dados para que más fácilmente podamos servir a Dios y más fácilmente proveer a las necesidades e indigencias de nuestro prójimo.

c) Podemos y debemos también pedir en nuestra oración los bienes del alma y de la inteligencia (ingenio, arte, ciencia, etc.), pero siempre igualmente a condición de que nos sirvan para glorificar a Dios y salvar nuestras almas.

d) Mas lo que hemos de desear y pedir constantemente y sin limitación de ninguna clase, es la gloria de Dios y todas aquellas cosas que puedan unirnos con nuestro sumo Bien, como son la fe y el temor de Dios.

3.  ¿POR QUIÉNES DEBE PEDIRSE?

a) Por todos, sin excepción alguna ni distinciones de amistad o enemistad, religión o raza. Todos los hombres -enemigos, extraños o pecadores- son nuestros prójimos; y si a todos hemos de amar, según el precepto de Cristo, por todos habremos de orar, porque la oración es un deber del amor.

Ante todo te ruego -amonestaba Pablo a Timoteo- que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres
(1Tm 2 1Tm 1).

Hemos de pedir, pues, para todos los hombres, las cosas necesarias, primeramente para el alma, y después para el cuerpo.

b) De manera especial tenemos obligación de pedir por los pastores de almas. También se lo recordaba San Pablo a los Colosenses:

Orad a una también por nosotros, para que Dios nos abra puerta para la palabra
(Col 4,3).

Y lo mismo encargaba a los fieles de Tesalónica.

En los Hechos de los Apóstoles se nos dice igualmente: Pedro era custodiado en la cárcel; pero la. Iglesia oraba instantemente a Dios por él. Y San Basilio, después de insistir en el mismo deber, aduce la razón: Hemos de pedir por aquellos que nos reparten el pan de la verdad.

c) Hemos de pedir también por las autoridades, por los reyes y jefes de Estado. A nadie se le ocultará que de ellos depende en gran parte el bien público. Pidamos al Señor que sean buenos, piadosos y justos.
Y hemos de orar también por los que ya lo son, para que viendo ellos cuánta necesidad tienen de las oraciones de los subditos, no se ensoberbezcan en su dignidad.

d) Jesús nos manda expresamente pedir por los que nos persiguen y calumnian.

e) Más aún: es costumbre cristiana, que, según testimonio de San Agustín, se remonta a los tiempos apostólicos, pedir también por todos los separados de la misma Iglesia: por los infieles, para que resplandezca en ellos la fe verdadera; por los idólatras, para que sean liberados de los errores de la impiedad; por los judíos, para que reciban la luz de Ja verdad sus almas oscurecidas; por los herejes, para que, vueltos a la salud, sean iluminados por los preceptos cristianos; por los cismáticas, para que por el vínculo de la verdadera caridad retornen a la comunión de la Iglesia, de la que un día se apartaron.

Que estas plegarias, animadas por el soplo de la catolicidad, sean muy eficaces ante el Señor, lo nemuestra el gran número de convertidos que constantemente arranca la gracia de Dios del poder de las tinieblas, trasladándoles al admirable reino del Hijo de su amor (Col 1,13); verdaderos vasos de ira, maduros para la perdición, convertidos en vasos de misericordia (Rm 9,22-23).

f) Es también constante tradición eclesiástica y apostólica el pedir por los difuntos, de lo que ya dijimos bastante al tratar del santo sacrificio de la misa.

g) Ni es del todo inútil el pedir por quienes, a pesar de todo, se obstinan en seguir pecando con pecados de muerte (1Jn 5,16).

Aunque de momento de nada les sirvan las oraciones de los buenos, es obra de caridad cristiana el seguir rogando por ellos, y tratar así de aplacar la ira divina con nuestras propias lágrimas.

Ni deben ser obstáculo para el cumplimiento de este deber las maldiciones que en la Sagrada Escritura o en los Santos Padres vemos frecuentemente conminadas contra tales pecadores. Estas palabras deben entenderse en el sentido de una predicción de los males que alcanzarán a los impenitentes, o en el sentido de condenación directa contra el pecado -no contra las personas-, para conseguir que los pecadores, aterrados por ellas, se abstengan de seguir pecando.

Del Catecismo Romano

PEREGRINACIÓN A SAN ESTEBAN DE RIBAS DE SIL



Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1923



El viaje incluye la visita guiada al monasterio de S. Esteban,
paseo en catamarán por el Sil,
y circuito por la Ribeira Sacra:
San Pedro de las Rocas,
Santa Cristina, Montederramo…

PRECIO ADULTOS:   36 €    
PRECIO NIÑOS:   30 €

Este precio incluye autobús,
visita guiada al monasterio, comida y catamarán


FECHA:  Sábado 4 de Junio

Organiza: Misioneras de la Fraternidad

Pueden anotarse en el tlf.  986 711 112


JUNIO 2011

 

De Martes a Viernes a las 10.00 de la mañana, Santa Misa.


Todos los días de 7.30 a 8.30 de la tarde Adoración del Santísimo


El Martes 7 a las 7.30 de la tarde comenzamos una novena a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote en acción de gracias por la Instrucción "Universae Eclesiae".


Jueves 16 Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote:
Santa Misa Cantada a las 10.00 de la mañana.
Vísperas Solemnes a las 6.30 de la tarde.
Exposición del Santísimo de 7.30 a 8.30 de la tarde.


CINEFORUM OFRECIDO POR LOS AJ

Los Sábados de Junio a las 11.00 de la mañana

Día 11 “Don Bosco”
Día 18 “La Virgen de Guadalupe”
Día 25 “El Santo que no quería ser Santo”

La entrada es de 1 € adultos y 0,50 niños,
para fondos del grupo “Amigos de Jesús”.

PEQUEÑITA, LENTEJITA Y LA VIRGEN DEL CARMEN


Hno. Carlos Mª de San José



EL MES DE LA VIRGEN MARÍA


Es sabido que el mes de Mayo se dedica por entero a María en toda la Iglesia, desde aquí nos unimos para honrar a la Virgen Santísima y entre otros actos pudimos celebrar una Misa cantada en la Fiesta de la Virgen de Fátima.
El celebrante y predicador fue D. Román Millán, párroco de Portas, que desde primeros de año está atendiendo generosamente las necesidades espirituales de esta casa.
Queremos agradecer francamente desde esta humilde publicación este gesto de sincera amistad y caridad fraterna hacia la comunidad de Misioneras y hacia todos los miembros de la Fraternidad.


En la homilía de esta Fiesta de la Virgen de Fátima nos recordó  la ternura de María Santísima, que como buena Madre nuestra nos enseña como verdadera Madre a su hijo “con paciencia, con amor, llamándole la atención cuando es necesario, invitándole a seguir un determinado camino para su bien. Así es la enseñanza de María, de nuestra Madre, de la mujer que abre a sus hijos las puertas del Cielo.”

Nos recordó que muchas personas, por su maldad quisieran arrinconar el mensaje de Fátima, pero que lo importante no es lo exterior, el ruido que se levantó en torno a los pastorcitos y la persecución que sufrieron, sino que desde la historia de Fátima, podemos llegar a la raíz del mensaje: “¿qué nos pide Dios en Fátima? ¿qué pidió nuestra Madre a los pastorcitos Francisco, Jacinta y Lucía? Fundamentalmente dos cosas: Oración y Sacrificio. Dos palabras que cada uno de nosotros tenemos que actualizar desde el carisma recibido para que sea posible la conversión del mundo.”

También señaló que es importante que nos fijemos en que “Dios personifica esa llamada en tres niños que no están especialmente capacitados, hablando humanamente. ¿Qué vio entonces Dios en ellos y qué nos pide a nosotros señalándonos a estos tres niños? Vio, primeramente, sencillez de vida. No hacen falta las cosas de la tierra para alegrarse con la bondad de Dios. Es esa frase del ángel que custodia el sepulcro vacío: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?”.  Debemos desprendernos de las cosas muertas, de las obras muertas, de lo que no es Dios para tener a Dios. Francisco nos da el ejemplo del corazón que se ha desprendido del mundo para quedarse sólo con “Dios escondido”. Fátima es una llamada a situar bien nuestro corazón. A escondernos en el Corazón de Dios.”

Ésta es la finalidad del mensaje de Fátima: escondernos en ese Corazón Divino, consolarlo y dejarnos consolar por Él.
Orar por los pecadores y sacrificarse por ellos tiene como fin llevarlas al Corazón de Dios para consolarlo.
Rezar por el Papa y por la Iglesia es aumentar la gracia para que estos medios que Dios tiene de salvación lleven a buen término su misión: la salvación de las almas para su propia felicidad y consuelo del Corazón de Dios.
El Corazón de la Virgen es consolado y también reparado al ver a las almas libres del fuego eterno y en saber que el Papa y la Iglesia son amparados por la oración y sacrificio de los hijos fieles.
Y finalmente, la reparación del Corazón Inmaculado de María obtiene su mayor consuelo y contento en ver a Dios consolado y amado y a la vez ¡cuánto consuela a Dios seber que su Madre es respetada y amada por nosotros sus hijos!.