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EL MES DE LA VIRGEN MARÍA


Es sabido que el mes de Mayo se dedica por entero a María en toda la Iglesia, desde aquí nos unimos para honrar a la Virgen Santísima y entre otros actos pudimos celebrar una Misa cantada en la Fiesta de la Virgen de Fátima.
El celebrante y predicador fue D. Román Millán, párroco de Portas, que desde primeros de año está atendiendo generosamente las necesidades espirituales de esta casa.
Queremos agradecer francamente desde esta humilde publicación este gesto de sincera amistad y caridad fraterna hacia la comunidad de Misioneras y hacia todos los miembros de la Fraternidad.


En la homilía de esta Fiesta de la Virgen de Fátima nos recordó  la ternura de María Santísima, que como buena Madre nuestra nos enseña como verdadera Madre a su hijo “con paciencia, con amor, llamándole la atención cuando es necesario, invitándole a seguir un determinado camino para su bien. Así es la enseñanza de María, de nuestra Madre, de la mujer que abre a sus hijos las puertas del Cielo.”

Nos recordó que muchas personas, por su maldad quisieran arrinconar el mensaje de Fátima, pero que lo importante no es lo exterior, el ruido que se levantó en torno a los pastorcitos y la persecución que sufrieron, sino que desde la historia de Fátima, podemos llegar a la raíz del mensaje: ¿qué nos pide Dios en Fátima? ¿qué pidió nuestra Madre a los pastorcitos Francisco, Jacinta y Lucía? Fundamentalmente dos cosas: Oración y Sacrificio. Dos palabras que cada uno de nosotros tenemos que actualizar desde el carisma recibido para que sea posible la conversión del mundo.”

También señaló que es importante que nos fijemos en que “Dios personifica esa llamada en tres niños que no están especialmente capacitados, hablando humanamente. ¿Qué vio entonces Dios en ellos y qué nos pide a nosotros señalándonos a estos tres niños? Vio, primeramente, sencillez de vida. No hacen falta las cosas de la tierra para alegrarse con la bondad de Dios. Es esa frase del ángel que custodia el sepulcro vacío: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?”.  Debemos desprendernos de las cosas muertas, de las obras muertas, de lo que no es Dios para tener a Dios. Francisco nos da el ejemplo del corazón que se ha desprendido del mundo para quedarse sólo con “Dios escondido”. Fátima es una llamada a situar bien nuestro corazón. A escondernos en el Corazón de Dios.”

Ésta es la finalidad del mensaje de Fátima: escondernos en ese Corazón Divino, consolarlo y dejarnos consolar por Él.
Orar por los pecadores y sacrificarse por ellos tiene como fin llevarlas al Corazón de Dios para consolarlo.
Rezar por el Papa y por la Iglesia es aumentar la gracia para que estos medios que Dios tiene de salvación lleven a buen término su misión: la salvación de las almas para su propia felicidad y consuelo del Corazón de Dios.
El Corazón de la Virgen es consolado y también reparado al ver a las almas libres del fuego eterno y en saber que el Papa y la Iglesia son amparados por la oración y sacrificio de los hijos fieles.
Y finalmente, la reparación del Corazón Inmaculado de María obtiene su mayor consuelo y contento en ver a Dios consolado y amado y a la vez ¡cuánto consuela a Dios seber que su Madre es respetada y amada por nosotros sus hijos!.