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LA REPARACIÓN


 Jesucristo y María Santísima en muchas de sus apariciones han pedido y fomentado esta práctica como agradable a su corazón.
Vamos a ver aquí, cómo esta reparación no es una opción sino una obligación, no es cuestión de sentimientos sino de dogma.
En el orden natural, hablando en general es contrarrestar una pérdida por una ganancia. En el aspecto material es restituir su perfección a un objeto deteriorado. En el aspecto moral es devolver a una persona los bienes o el honor arrebatados.
En el orden sobrenatural es devolver la gloria a Dios conculcada por el pecado: Dios llama al hombre a la vida sobrenatural, le hace hijo suyo. El hombre se rebela contra este plan, desprecia la ley. Se hace enemigo de Dios porque al despreciar la ley desprecia la excelencia y dignidad de Dios.
Cristo es el primer Reparador: A ofensa infinita, reparación infinita. Toda la vida de Cristo está orientada a reparar el pecado: nace pobre y muere pobre en la cruz. Cristo conquistó para nosotros la gracia santificante. Somos de nuevo hijos de Dios.
El dogma del Cuerpo Místico de Cristo: Cristo como cabeza del cuerpo reparó, pero falta sumar la reparación del resto de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Él acumula los méritos pero nosotros debemos hacerlos llegar por nuestra oración, celo y sacrificio. Y María Santísima es quien los reparte a las almas.
Debemos repara porque es un deber de justicia. Porque cada vez que pecamos rompemos el equilibrio establecido por Cristo, hemos tenido la osadía de ofender de nuevo a Dios después de haberse entregado por nosotros. Cristo nos aplica la gracia en el sacramento pero nosotros, una vez perdonados debemos pagar o resarcir en esta vida o en la otra, ese daño que hemos hecho.
Es exigencia de amor. Amor con amor se paga. Cristo nos amó hasta el fin, se entregó por nosotros. ¿Cómo corresponderemos?
Seremos más amigos de Dios, más santos, cuanto más intensos, actuales y universales sean nuestros actos de amor.
Para que nuestros actos de amor sean intensos, hemos de aumentar el grado de calor que ponemos en todo cuanto hacemos.
Si además contemplamos las perfecciones del Amado, se intensifica el amor y se hace cada día más actual, se renueva.
Extendiendo este amor a todas nuestras actividades, este amor se hace más universal.

“El árbol húmedo invadido por el fuego: primero humo, luego crepita; después llama; finalmente brasa” San Juan de la Cruz

“Lo he dicho todo; lo único que vale es el amor” Sta. Teresita.


Fr. Antonio Royo Marín, O.P.