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ORACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS


Dios mío, estoy tan persuadido
de que veláis sobre todos los que en Vos esperan
y de que nada puede faltar
a quien de Vos aguarda toda las cosas,
que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno,
descargando sobre Vos todas mis inquietudes.

Mas yo dormiré en paz y descansaré;
porque Tú ¡Oh Señor!
Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme
de los bienes y de la reputación;
las enfermedades pueden quitarme
las fuerzas y los medios de serviros;
yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado;
pero no perderé mi esperanza;
la conservaré hasta el último instante de mi vida
y serán inútiles todos los esfuerzos
de los demonios del infierno para arrancármela.

Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad
de su riqueza o de sus talentos;
que se apoyen sobre la inocencia de su vida,
o sobre el rigor de su penitencia,
o sobre el número de sus buenas obras,
o sobre el fervor de sus oraciones.

En cuanto a mí, Señor,
toda mi confianza es mi confianza misma.
Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza.
Ninguno de los que han esperado en el Señor
ha quedado frustrado en su confianza.

Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz,
porque firmemente espero serlo
y porque de Vos ¡oh Dios mío!
Es de Quien lo espero.

En Ti esperé, Señor,
y jamás seré confundido.

(San Claudio de la Colombiere)